Hoy ha surgido de la nada, como una aparición desde el Más Allá, como una legión de huestes infernales… Como las ancestrales legiones de Xerxes arrasando el mundo occidental…

    Mi suegra.    Hela aquí, en mi casa, con energías primigenias rebosantes y, ante todo, con ganas de acción…

    Porque, ante todo, mi suegra es una santa, una gran mujer y todo un ejemplo de superación y lucha en la vida contra la adversidad. Vaya por delante. Quizás es ese mismo espíritu combativo e infatigable el que la arrastra a transmitir dicha energía a los demás.     

    A mí, personalmente, me parece estupendo, pero esta mañana de domingo, que estaba tranquilo trabajando delante del ordenador, me he sentido como un soldado de los míticos 300 (o los que fuesen) que combatieron con las tropas de Xerxes en una batalla que, de antemano, ellos mismos ya consideraban como casi perdida…

    Y es que es imposible contener semejante avalancha de energía, ímpetu y optimismo. Si  fuese un machista “huevón” y “comodón”, estaría hasta encantado, porque me sentaría en el sofá a darle conversación mientras ella plancha, recoge, etc. Pero el caso es que no es ese el problema. Primero, porque soy bastante ordenado, con lo que no hay nada que lavar o planchar (por mucho que ella se empeñe). Segundo, porque soy bastante “rarito” para mis cosas, mi orden y mi organización. Con lo cual, me siento más bien invadido en intimidado (e incluso desbordado) y, además, con la sensación de impotencia de que, haga lo que haga, va a ser un esfuerzo completamente inútil.

    Es sorprendente la capacidad desbordamiento de esta persona, que es capaz de ponerme patas arriba toda la casa (aún sin hacer falta), a la vez que te da conversación, analiza la programación del momento en la tele y te informa del último comadreo de su comunidad de vecinos.

    Y eso que mi suegra no es ama de casa. No señores. Viuda en su momento con una hija de 18 años (mi actual esposa), se agarró los machos y se puso el mundo por montera. Actualmente, a sus 50 años, sigue trabajando diez horas diarias de “fisio” en una clínica de rehabilitación (traumatología), por unos míseros 950€ brutos al mes. Ya me dirán ustedes la magnífica pensión de jubilación de la que va a disfrutar… Sé que me dirán que hay mucha gente que está peor, y así es; pero no son mi suegra. Qué quieren que les diga…

     Bueno, me retiro, que se ha metido a ordenar mi colección de retroinformática de juegos de MSX, y por ahí sí que no paso…

    Aunque me cueste la vida.

    Y luego decían de Leónidas…

    Santa mujer.   P.D.: No me la merezco. Lo sé.

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