Adiós, Coloma.
Enero 24, 2008
La verdad es que ha sido una sorpresa… Una triste sorpresa: Coloma, la empleada de la limpieza, me ha comunicado que se marcha. Al parecer, ciertos desacuerdos en temas económicos con su empresa han sido la causa; aunque, según me contaba, ya llevaba tiempo disgustada y en absoluto contenta.
La voy a echar mucho de menos. Durante los casi diez meses en los que yo me tuve que quedar a comer en la oficina, ha sido una compañera impagable; no sólo por la conversación que ofrecía durante aquellas dos largas y solitarias horas, sino por la catadura humana y moral de la misma; cuarentona, curtida en mil batallas, madre de dos hijos en pleno éxtasis hormonal adolescente, ama de casa entregada y, además, limpiadora a media jornada en cien mil empresas. Vamos, un monumento viviente a la entrega, sacrificio y dedicación, como tantos miles de seres anónimos que pululan por este extraño globo azul.
Cómo voy a añorar esas conversaciones sobre quién debería abandonar la casa de Gran Hermano, la subida asesina de precios en los alimentos, las palabras de Zapatero, Rajoy y su particular interpretación de la política, o esas anécdotas familiares de lo más variopintas con las que deleitaba mis oídos y mi humor, mientras yo viajaba entre tablas Excel, gráficos y estadísticas cósmicas y balances demoníacos…
¿Con quién voy a hablar yo a partir de ahora, Coloma? No me imagino de charla filosófica con la Casio o intercambiando confidencias con la C.P.U. Decididamente, no.
En fin; lo que me alegra del asunto es que, al menos, el cambio es “a mejor”. Te vas a trabajar en un colegio donde, a buen seguro, estarás más tranquila y te pagarán en tiempo y forma, religiosamente, como es de recibo. Además, seguro que volvemos a coincidir en el Palacio de los Deportes, como espectadores de nuestro equipo de balonmano favorito…
Lo dicho; nunca podré expresar mi gratitud hacia tu compañía y tu presencia, y seguro que nadie podrá reemplazar ese hueco, ese vacío que vas a dejar ahora en mi jornada laboral.
Cuando sea mayor, quiero ser como tú.
Un abrazo inmenso, y un beso aún mayor.
Nos vemos.